Nos quedamos unas horas allí, acostados encima de esa manta, abrazados y besándonos de vez en cuando, sentía una tranquilidad hermosa, una paz que no olvidaría nunca, con Kiara soy tan feliz, cerré mis ojos por un momento para sentir la brisa y su cálido abrazo
Después sentí que me movía muy levemente diciendo
—Mi amor ya son las dos de la tarde, vamos a comer algo porque ya escuchaste a mi papá, a las tres de la tarde vienen a recogernos para nuestra fiesta
La verdad que preferiría seguir en es