Nos levantamos para asearnos, nos bañamos y al salir yo me vestí con mi traje y Kiara se volvió a poner su traje, pero esta vez sin casco, sacó la llave del librero y abrió la puerta, pero no había nadie solo se escuchaba el estruendo de la fiesta, los silbidos, los gritos, la música, caminamos hasta la parte de afuera en donde comienza el escenario cuando de repente nos cargaron a ambos en brazos y nos sentaron allá arriba en dos sillas y la voz del señor Danko dijo por el micrófono
—¡Que vivan