CAPÍTULO 9. LA HERENCIA
Desperté casi a las 10:00 am y Joel no estaba en la cama, bajé y lo encontré en la cocina.
—Buenos días mujer hermosa, ¿Cómo amaneces? —se acercó y me dió un beso.
—Me duele la cabeza.
—Con justa razón, entre el alcohol y lo que te dieron, admiro que estés de pie.
—¿Qué haces?
—Nuestro desayuno mi amor, debes tener mucha hambre y yo también, me comería el mundo entero si me lo sirven.
—¿Te ayudo en algo?
—No te preocupes ya está todo listo, pasa a la mesa, empecemos con un juguito de naranja pa