CAPÍTULO 8. EBRIO DE AMOR

Fue difícil dormir esa noche, por más que me las diera de valiente, me daba miedo estar sola en casa, cualquier ruido o sombra me asustaba, tal vez había Sido mala idea ahuyentar a Joel.

Apenas asomó el sol llamé a mis padres, ya habían llegado y estaban bien, eso me reconfortaba un poco.

—Hija, buenos días, ¿Qué tal noche pasaste? Tu papá y yo llegamos bien gracias a Dios.

—Bien mamá, ninguna novedad.

—Me alegra mucho hija, aunque ya seas una mujer, nos preocupas, dime, ¿Ya comiste?

—No mamá,
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