Giulia
—Giulia.—
Estoy aprendiendo rápidamente que solo me llama Giulia cuando está enojado conmigo, y han pasado días desde que me dejó molestarlo.
—Florentino.—
—¿Has bajado con esa maldita toalla desde tu habitación hasta la piscina? —Su voz es tranquila, pero está llena de un potente veneno.
Enfrentarme a él me sube la presión arterial y el corazón me late con fuerza. Una parte de mí que no suele actuar mucho palpita ante la ronquera y la potencia de su voz. Su cigarrillo está suspendido