El viaje hacia Véldamar fue más largo de lo esperado. Las lluvias del norte habían dejado los caminos convertidos en un lodazal, y los caballos resoplaban cansados bajo el peso del barro. Éramos un destacamento reducido, pero la capitana Vessira Noreval lo mantenía con una disciplina férrea. No importaba si habíamos nacido nobles o campesinos: bajo su voz todos éramos soldados.
Habíamos escoltado a Lady Xandria hasta el Paso de Liria, protegido la entrega de las mercancías karvelianas y evitado