Kael permaneció de pie, con la sombra de las llamas dibujándole un rostro endurecido. Su silencio era más pesado que cualquier palabra. Aelyne lo observaba con los ojos cargados de expectación, como si en la próxima frase pudiera decidirse la vida o la muerte de Sarnavel.
Finalmente, el rey habló: —Convocad a mis lores… y a Lord Gaeron.
El soldado asintió de inmediato, retrocediendo con una reverencia torpe antes de salir apresurado. La puerta quedó cerrada, y el murmullo del pasillo se extin