El calor del verano se filtraba hasta el salón del trono, sofocante aun con las ventanas abiertas. Kael había pasado la mañana revisando informes sobre refuerzos en la frontera, cuando un heraldo irrumpió, empapado en sudor, inclinándose torpemente.
—Majestad… el Archiduque Severian, hermano del Emperador, ha llegado con su comitiva.
El murmullo recorrió la sala. No era un emisario cualquiera, ni un diplomático de segunda línea: era sangre imperial. Kael dejó la pluma y, por un momento, se qu