Capítulo 37: Decisiones dolorosas
Anton se giró hacia Sofía y le tendió la mano, abierta, sin presión, sin exigencia.
—Vamos, Sofía.
Ella lo miró, miró su mano extendida y luego miró a Valentín, que la observaba con esos ojos grises llenos de desesperación, de súplica, de amor.
Y algo dentro de ella se rompió.
Porque lo amaba, eso no podía negarlo. Pero todo había empezado mal desde el principio. Se habían conocido en un bar, sin saber quiénes eran, se habían enamorado en secreto, escondiéndose