Escena extra 8: El perdón de un hijo
Frente a la imponente puerta de un departamento de lujo en el centro de Berlín, Cassian permanecía inmóvil, con las manos sepultadas en los bolsillos de su abrigo. Había volado desde Oklahoma en un impulso ciego, sin avisar, sin llamadas previas y, sobre todo, sin la menor preparación mental para lo que estaba a punto de hacer.
Cuando finalmente se atrevió a levantar la mano y tocar, el eco del timbre pareció arrastrar segundos que se estiraron como horas.
La