CAPITULO 39 MR. DECKSHEIMER
—Señor Decksheimer—sonreí coqueta mientras subíamos al elevador como dos adolescentes calientes.
No había nadie más, Edward estaba tan sonriente que contagiaba, me colgué de su cuello.
—¿Quién diría? escapándome en un hotel de lujo con mi jefe, que escandalo—dramaticé la voz
—Usted tiene la culpa, señorita Chadburn—me replegó contra la fría pared del elevador, me estremecí—, se la ha pasado coqueteándome todo este tiempo.
Me mordí el labio, este jueguito me estaba gustando y calentando, espera,