Teodoro
El dolor se extendía por mis nudillos al inclinarme sobre el lavabo del baño de mi oficina. Por suerte, no me había roto la piel al golpear el espejo con el puño. A diferencia del cristal, que ahora tenía una grieta en el centro.
¿En qué carajo estaba pensando? Traicioné a Theo, pero peor aún, le robé la virginidad a Sakara, el apodo para esconderse, con tanta brutalidad que me dio asco recordar lo bien que me sentí al romper su barrera y reclamar su coño.
Se merecía algo mejor que un