Haciendo todo lo posible por concentrarme en ella, alternaba entre rodear su clítoris con la lengua y penetrarla en su entrada. Sus caderas rozaban mi cara, sus fluidos me manchaban la boca, la nariz y la barbilla, y su intensa succión disminuía a medida que la acercaba al orgasmo.
A nuestro alrededor, sabía con qué atención nos observaba la multitud. Sentía sus ojos clavados en nosotros mientras se preguntaban a qué sabía ella. A qué sabía yo. Era algo que nadie más sabría jamás.
Succioné su c