CAPÍTULO 12

Los dos nos miramos con enojo. La rebeldía me invadió al soltarme de un tirón y abrir la boca para decirle que se fuera al carajo, que no iba a obedecer sus órdenes. Pero cuando me miró con los ojos entrecerrados, las palabras se secaron en mis labios.

Sin previo aviso, se abalanzó sobre mí, agarrándome los muslos para levantarme y me cargó sobre su hombro antes de volver furioso al dormitorio.

—¡Bájame!— grité mientras golpeaba mi puño contra su espalda.

—Como desées.—

—No me presiones, Jailba
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