CAPÍTULO 11

Un montón de piedras me impactaron el estómago. No recordaba haberme quitado el vestido. Una rápida palpación debajo de la ropa confirmó que aún llevaba la ropa interior puesta.

Pero ¿quién carajo me quitó el vestido y me puso esta ropa?

Esperaba en Dios que no fuera Teodoro.

—¿Dónde estoy? ¿Qué pasa?—, pregunté, volviendo mi atención a Teodoro una vez que terminé el agua.

Fruncí el ceño mientras todos los pensamientos sobre porqué estaba usando lo que solo podía asumir que era la ropa de Teodo
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