Lorenzo Bianchi
Respiré hondo, sintiendo el aire quemar en mis pulmones mientras intentaba, a todo costo, controlar la rabia que subía por mi cuello.
Sabía, racionalmente, que no debería sentirme tan molesto con su actitud, pues su justificación tenía todo el sentido del mundo.
Sin embargo, la idea de verla enfrentando esta fragilidad sola, sin nadie cerca para ampararla, me causaba un nudo insoportable en el estómago.
— No necesitas, ni debes, sentirte incómoda al buscarme para lo que sea,