Capítulo Sesenta y Siete — Ella ya es mía...
Diana Cross
Él comenzó a bombearme con fuerza, sintiendo lo mucho que yo ya estaba absurdamente excitada, empapada y casi enloquecida por su toque.
—Mira nada más cómo estás... Deliciosa y loca por sentir más de esto, ¿no es así? —provocó, mirándome desde arriba con los ojos inyectados de deseo.
—Tienes mi permiso únicamente para gemir y para confirmar o negar mis preguntas con la cabeza... Y no puedes correrte hasta que yo lo permita, ¿entendiste?
—Entendí... ¡Ahhhhh! —solté otro gemido ahogad