Lorenzo Bianchi
Cuando aquel médico anunció la gravidez de ella y, por error, creyó que éramos una pareja, sentí un torbellino violento de emociones.
Inexplicablemente, una parte de mí deseó con fuerzas ser ese hombre, el compañero que compartiría con ella un momento tan importante.
Pero, al mismo tiempo, fui golpeado por una ola de frustración y un celo irracional al percatarme de que ella ya tenía a alguien más en su vida.
Saber que su corazón le pertenecía a otro y que planeaba una familia le