Capítulo Cuarenta y Dos — Sin límites...
Lorenzo Bianchi
Sabía, con cada fibra de mi ser posesivo, que ya no sería posible vivir sin Diana en mi vida de aquí en adelante.
No sabía explicar la lógica de esta situación, pero esta mujer hasta hace poco desconocida ocupó un lugar profundo en mi pecho que ni siquiera sabía que estaba disponible.
La poseía allí, contra aquella pared, con toda la furia animal que mi cuerpo permitía y que mi alma marcada por el tiempo deseaba desesperadamente.
Sentía el apriete absurdo de su coño presionar y