VICTORIA
De pronto siento unas manos rudas, callosas y ásperas tomar las mías, casi puedo jurar que …
—Mami, quítate la venda — Escucho esa vocecita cantarina, la piel se me enchina, se me pone de gallina, es una sensación diferente y extraña; sin embargo, es cálida a la vez. Cuando me bajo la venda, inmediatamente llevo las manos a mi boca; las lágrimas no tardan en aparecer.
—Sé que no soy digno de ti, sé que cometí tontería tras tontería, que no estoy a tu altura, no me porte como tú, realme