Capítulo 84.
Los jadeos de la desesperación y cansancio inundan sus oídos.
Karen va corriendo en medio del bosque con los pinos rodeándola y oscureciendo su visión.
— No, no. Tengo que salir de aquí. Tengo que salir de aquí.
Su piel es aruñada por las ramas secas demasiado delgadas como para ser vistas.
Su instinto de supervivencia estaba activado.
Su loba no podía responderle.
Y los cuerpos de decenas de conejos muertos colgados en las ramas de los pinos solo la hacían sentir el instinto de seguir corrien