CAPITULO TERCERO

La ceremonia se celebró en el juzgado a las diez como me dijo Mario, siendo como testigos de la boda, mi amigo Brody y el abogado de Mario. Fue muy cortita, pero cuando nos intercambiamos los anillos y el funcionario nos dijo que nos podíamos besar, yo no sabía que hacer siendo Mario el que se lanzó a mis labios, dándome un beso que me dejo casi sin poder respirar. Cuando la ceremonia termino y me despedí de mi amigo las lágrimas se hicieron presentes en los dos. subiendome con mi hija despues, a la limusina  con Mario, llevándonos el chofer a la casa donde vivía su madre Adelina. Nada más entrar en la casa, Maria la sirvienta me reconoció enseguida dándome un abrazo cogiendo a mi hija en sus brazos, besándola en sus gorditos mofletes.

— Que alegría Erika, que seas tú la que se ha casado con Mario, ya temía que hubiese una de sus — Mario no la dejo terminar de hablar

— María, no me gusta que hables así — le dijo Mario muy serio

— Ya conoces la casa, acomódate donde quieras, yo tengo trabajo — me dijo Mario

A la hora de comer nos sentamos los dos solos en la mesa, ya que mi pequeña se quedó dormida en su cuna.

— Sabes que tienes que hacer las obligaciones de esposa, tienes que acompañarme en los viajes, en cenas de negocios y eventos donde necesite que estes presente — me dijo

— Entonces tendré que contratar una niñera, porque mi hija es muy pequeña — contesté

— Haz lo que tengas que hacer con tu hija, no te impediré nada — me dijo muy serio

El tiempo fue pasando, pero el carácter serio de Mario no cambio en nada, me hablaba como si diera ordenes, venía a casa cuando quería, y como quería, despertando a mi hija algunas veces. Una noche de calor me acosté en la cama con un camisón corto, cuando me estaba quedando dormida, escuché a mi hija llorar, me levanté enseguida de la cama para ir a su dormitorio viendo a Mario con ella en brazos, cuando entré él me miro de arriba abajo y viceversa.

— Ya se está quedando dormida, tranquila — me susurro

Cuando la dejo en la cuna, me gire para irme a mi dormitorio siguiéndome Mario, apoyando su brazo en el marco de la puerta.

— Estas, preciosa con ese camisón, lástima que no me dejes quitártelo   — me dijo

— Mario por favor, buenas noches — contesté

 — ¿Por qué?, ¿te doy miedo querida esposa?

 — No, pero no voy a follar contigo si es lo que estás pensando 

— Erika, estamos casados, no tenemos obligaciones con otras parejas, ¿Por qué no disfrutar estos meses los dos? — me dijo acercándose a mi

— Te lo advierto Mario, no te acerques más, vete de mí dormitorio

— Venga Erika, me deseas como yo te deseo a ti — me dijo empujándome tumbándome en la cama. 

 — Vete por favor, Mario — grité 

Se puso encima de mí, apretando su boca con la mía, mientras yo intentaba apartarlo escuchando como se bajaba la cremallera de su pantalón, arrancandome las bragas despues, le mordí en el labio, pero me dio una bofetada sintiendo como  su miembro se adentraba en mi ser y me hacía suya.

— No Mario por favor   — le suplique llorando 

— Tu lo has querido, me has provocado con ese pequeño camison, eres mi mujer y si no puedo follarme a ninguna mujer, tú tienes obligación de complacer los deseos de tu marido — me dijo

Cuando senti como se corria en mi interior, nos miramos a los ojos, seco con sus dedos mis lágrimas, rozando sus labios con los míos.

 — Eres preciosa Erika, te deseaba desde que te vi entrar en el despacho de mi abogado — me dijo

 — Vete por favor, Mario, déjame sola — le suplique 

Todos los días desayunábamos juntos, pero yo evitaba mirarlo, el recuerdo de mi violación y el que me tomara Mario a la fuerza, me hizo que cada vez que estuviera a su lado mi cuerpo temblara.

— Mañana tenemos que viajar, prepara tu equipaje todo el mundo espera verme llegar a la recepción con mi esposa — me dijo

 — Tendré que buscarle a mi hija una niñera — contesté

— Si necesitas dinero dímelo, haz lo que mejor veas —

Por la noche cuando acosté a mi hija me dediqué a preparar el equipaje, escuchando cuando Mario entró en la casa, intenté cerrar la puerta de mi dormitorio, pero no pude por él estaba apoyado en el marco de la puerta mirándome.

— Vamos a Paris, mañana te tienes que comprar un vestido de fiesta para la recepción— me dijo

— De acuerdo ¿puedes marcharte por favor? Quiero dormir —

— Saldremos mañana temprano, buenas noches — dijo marchándose

Me levanté temprano al día siguiente, me duché y despues de vestirme fui a la cocina para tomarme un café.

— Buenos días — me dijo Mario asustándome

—Buenos días, podrías hacer algo de ruido, me has asustado — le dije

 — Lo siento, no era mi intención asustarte, termina de tomarte el café salimos enseguida para el aeropuerto — me dijo

Me tomé el café dejando la taza encima de la encimera, fui a la habitación de mi hija viendo al lado de la cuna a María.

— Vete tranquila mi niña, si pasa algo ya te avisare — me dijo

Besé en la frente a mi pequeña, le di las gracias a María, cogí mi bolso y mi equipaje dirigiéndome al vehículo donde ya me esperaba el chofer con la puerta abierta, cuando el chofer puso el equipaje en el maletero del vehiculo, arranco llevandonos  despues al aeropuerto. Al llegar a Paris, nos esperaba otra limusina a pie de pista, subimos al vehiculo llegando poco despues al hotel, donde todos los empleados se deshicieron en halagos con Mario. Uno de los botones cogió nuestro equipaje haciéndonos acompañarle hasta el ascensor, subimos hasta la última planta donde estaba la habitación. Nada más entrar cogí mi equipaje sacando algo de mi ropa ya que necesitaba ducharme, fijándome en la mirada de lujuria de Mario.

Me llevó a varias tiendas, donde encontré un vestido precioso, Mario escogió los zapatos y un bolso de mano, luego fuimos por deseo de él a una joyería y aunque me negué, me regalo un collar con varios diamantes y los pendientes a juego, pagando él una fortuna por las dos cosas. Despues de las comprar comimos en el restaurante del hotel, subiendo a la habitación al terminar de comer. Mientras él miraba unos documentos, prepare el jacuzzi, me desnude metiendome dentro del agua para relajarme.

Por la noche para ir a la recepción, Mario se puso un traje azul oscuro y camisa blanca, dejándome impresionada por lo guapo que estaba.

— Te espero en el bar, no tardes — me dijo cuando iba a salir de la habitación.

Me arregle mirándome en el espejo, lo bien que me sentía el vestido que me regalo, poniéndome también las joyas, cogí mi bolso, salí de la habitación dirigiéndome al bar del hotel donde Mario me esperaba, pero cuando entre me di cuenta de que Mario estaba acompañado por una mujer rubia y muy guapa.

— Buenas noches — dije mientras Mario me miraba de arriba abajo

— Buenas noches, Vanesa te presentó a mi esposa, lo siento, pero tenemos que marcharnos— dijo Mario

Salimos del hotel subiendo a la limusina, en el trayecto hasta la recepción me quede sin palabras viendo lo bonita que era Paris de noche. Cuando llegamos a la recepción, nada más bajar del vehículo rodearon a Mario varias mujeres comiéndoselo con sus miradas. Cogió mi mano, y nos mezclámos con los invitados presentándome como su esposa a sus amigos y socios, en un momento de la noche, me fui al baño para retocarme el maquillaje acercándose una mujer joven a mí.

 — Con que tú eres la esposa de Mario O "Brien — me dijo

  — Si soy su esposa, me llamo Erika — me presenté

— Apártate de él, ¿me oyes? Mario es mío, quedas advertida monina — me dijo 

Sali del baño acercándome a Mario sin comentarle lo que acababa de pasar en el baño, ya que lo nuestro era un acuerdo y sabía que él volvería a su vida anterior, así que decidí restarle importancia a la amenaza de la mujer. Ya de madrugada decidimos marcharnos de la recepción, subimos a la limusina llegando al hotel poco despues, cogimos el ascensor subiendo a la última planta. Entramos en la habitación, dirigiéndome al baño para cambiarme de ropa, me puse el pijama acostándome despues en la cama quedándome dormida enseguida por el cansancio. Me desperté sintiendo una mano acariciando mi cuerpo viendo que era Mario.

— Mario ¿Qué estás haciendo?   —

 —Cállate, eres mi mujer y te deseo — me dijo apestándole el aliento a wiski

—  Pero yo no y además estas borracho, déjame en paz — dije  

— Me das lo que quiero o te ato a la cama — me dijo

— No te voy a dar nada, hay muchas mujeres que estarían encantadas búscate una — contesté

 — No las necesito, ya te tengo a ti y me lo vas a dar, soy tu marido — 

Intenté levantarme de la cama, pero lo tenía encima y no pude, me quiso quitar la camiseta del pijama mientras yo intentaba apartarlo con mis manos, pero me cogió las manos subiéndolas por encima de mi cabeza, bajándose la cremallera del pantalón con su otra mano, pudiendo yo darle entonces una patada en sus coronas reales, levantándome despues de la cama encerrándome en el baño.

— Puta, si no quieres atente a las consecuencias — me dijo

— El acuerdo que firme, no decía que me hicieras tuya cuando quisieras — le grite

—Si no me das lo que deseo de ti como mi mujer que eres, llamaré a mi abogado para que llame a los servicios sociales ¿lo quieres así? — me dijo

Sali del baño temblando, mirándonos los dos a los ojos.

— Eso está mejor, ahora desnúdate y ven aquí, te voy a hacer el amor hasta que te quedes sin fuerza para gritar — me dijo muy enfadado

Me acerque temblando a la cama viendo como Mrio se desnudaba tambaleandose, me tumbe en la cama cerrando los ojos, cuando senti como besaba y mordia cada centimetro de mi cuerpo. Pero yo no podia disfrutar de ese momento, lo único que deseaba era que se cansara pronto y se durmiera.

Al día siguiente cuando me desperté, me costó levantarme ya que tenía el cuerpo dolorido, entré en el baño mirándome en el espejo todas las marcas que Mario me había dejado en mis pechos y cuello con sus dientes, me senté en el inodoro llorando desconsoladamente sintiéndome sucia, me duché saliendo despues del baño con el albornoz, viendo en la terraza a Mario desayunando tranquilamente.

— Buenos días, no sabía que te apetecería y he pedido unos bollos y magdalenas ¿Quieres café? — me preguntó

— Si gracias — le dije cogiendo la taza que me ofrecía

Despues de desayunar, Mario se vistió marchándose sin decirme absolutamente nada, lo que aproveche para coger mi móvil llamando a su abogado, contestándome este al segundo toque.

— Buenas soy Erika O "Brien — le dije titubeando

— ¿En qué puedo ayudarla? — preguntó

— Por favor quisiera saber una cosa, ¿podrían los servicios sociales quitarme a mi hija, estando casada con Mario? — le pregunté

— No le voy a preguntar nada señora, pero si mi cliente desea romper el acuerdo, el mismo puede llamarlos y le quitarían a su hija — contestó

— Gracias y por favor no le diga a Mario que hemos tenido esta conversación — le rogue

— No se preocupe, buenos días, señora — me dijo terminando la llamada

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