La arruga en la frente de Jake se acentuó. —No, tío. No sentí nada. Cuando mi lobo los oyó, se dio la vuelta—.
Mierda.
El alivio me golpeó tan fuerte que mi lobo se dejó caer al suelo.
—No quiero ni oír ni un solo chisme sobre esto —logró decir Enzo—. Si me entero de algún chisme, te muero.
—Entendido, hombre. Alto y claro. —Jake lo saludó, consciente de que el peligro inminente ya había pasado—. Felicidades por sellar tu vínculo. Tienes una marca excelente. —Señaló el hombro de Enzo. Enzo torc