Siguió gruñendo, gimiendo y mordiendo cada vez que alguien se acercaba, y no intentó obligarme a salir de nuevo. Era sumisa, pero seguía siendo una loba. Y no salía de aquel arbusto hasta que alguien la obligaba.
Pasó el resto del día y el sol se puso, pero nadie la sacó, así que se quedó donde estaba.
Clay
Cerré de golpe la puerta del auto y caminé hacia la parte trasera del Lodge. Hunter me siguió al pasar por delante del edificio principal, tal como sabía que haría.
Habían pasado dos días de