—La intrigaste con la mención del asesinato—.
—Así que es una pequeña criatura asesina—.
—Aparentemente.—
—Bueno, me alegro. Odiaría que me tuvieras miedo por culpa de mi lobo loco.
—Puede volverse tan loco como quiera si mata a mis enemigos—, dije.
Clay se rió entre dientes. —No contaría con que se repitiera. Antes, te despertaste en la habitación del hospital y entraste en pánico, porque...—
Mi corazón empezó a latir con fuerza. Tenía que salir. —Mi voz se volvió más baja—. No me siento segur