Capítulo 11. Cruel confesión
La mujer conocía bien la identidad del hombre, por eso casi se desmaya de la impresión, era uno de los hombres más poderosos del país, lo había visto en las secciones de negocios de los principales diarios digitales, de hecho su esposo añoraba firmar un contrato con la poderosa empresa de la cual era propietario, aunque, había llegado reciente al país, su imperio económico databa de varios años, pero era administrado por un amigo.
—¡Lo siento, señor Petrakis! Ella me robó… —no pudo continuar co