Damian estaciona frente a una tremenda mansión en Manhattan en menos de media hora del hotel, Camino con lentitud como si fuese un condenado a muerte caminando frente a un pelotón de fusilamiento.
—Te esperare — Me dice Damian, consciente de lo que va a pasar adentro, tengo ganas de llorar, no sé en qué momento lo que firme se convirtió en un trato sexual.
Miro mi reloj y son las seis en punto cuando toco la puerta, el mismo me abre la puerta tiene una máscara con cara de tigre, todo el rost