Mariana sostuvo el teléfono con manos temblorosas, su mirada fija en Ángela a través del vidrio que las separaba. El sonido de su voz, distorsionado por el aparato, apenas podía contener el llanto que amenazaba con estallar en cualquier momento.
—¿Qué pasó, Mariana? —preguntó Ángela, su voz llena de preocupación y emoción, mientras se inclinaba hacia adelante, como si quisiera acercarse más a su amiga.
Mariana respiró profundamente, tratando de calmar su ansiedad, pero las palabras salieron de