La atmósfera en la gala era opulenta, llena de luces brillantes y murmullos de conversaciones elegantes. Dana se sentía atrapada en una jaula dorada mientras Felipe la presentaba a sus colegas como si fuera un trofeo. “Esta es Dana, mi esposa,” dijo con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos, apretando su mano en la cintura de ella con una posesión casi palpable. Aunque los demás los miraban como una pareja feliz, Dana sabía que la realidad era muy diferente.
Felipe la mantenía cerca, como si su