Dana sacó su móvil, sus manos temblaban ligeramente mientras marcaba el número de Cairo. Necesitaba apoyo, alguien que pudiera ayudarla a enfrentar la situación. Marco había dado señales de movimiento, y eso era una luz de esperanza en medio de la oscuridad que la envolvía. “Cairo, necesito que vengas al hospital. Marco ha reaccionado,” dijo con voz entrecortada.
Cairo, siempre dispuesto a ayudar, aceptó de inmediato. “Voy en camino, Dana. Mantente fuerte,” le respondió, sintiendo la urgencia e