La brisa fría de la colina soplaba con fuerza, como si la naturaleza misma supiera que algo monumental estaba a punto de suceder. Felipe y Dana se encontraban solos, lejos del bullicio de la ciudad y de las tensiones que los rodeaban. Felipe, consciente del peligro que representaba la situación, había decidido llevar a Dana a ese lugar aislado, donde pudieran hablar sin interrupciones. Pero no era solo una charla; era una confrontación.
Felipe sacó una pistola de su cinturón y se la ofreció a D