Lucía se despertaba sobresaltada, en su rostro solo se podía ver confusión y miedo. Fijó su mirada en el hombre sentado a su lado y le preguntó casi en un susurro.
—¿Dónde estoy? —Se llevó la mano a su mejilla adolorida mientras los recuerdos de lo que había vivido llegaban a su mente—. Yo lo maté... —balbuceó, temblando, mientras las lágrimas empezaban a rodar por sus mejillas—. Yo lo maté, él quería hacerme daño. Te juro que no quería hacerlo. No quiero ir a la cárcel.
—Cálmate, Lucía. Tú no l