Mundo ficciónIniciar sesiónEl amanecer filtró sus primeros rayos dorados a través de las cortinas de seda de la suite principal, despertando a Victoria con una suavidad que contrastaba brutalmente con la dureza de su realidad. Sus ojos se abrieron lentamente, ajustándose a la luz matutina que bañaba el dormitorio decorado con un lujo que una vez había considerado suyo por derecho. Ahora, cada objeto le recordaba su condición: prisionera en una jaula de oro.
El sonido de nudillos golpeando suavemente contra la puerta de caoba la sacó de sus pensamientos. Una voz femenina, profesional y cálida, se filtró desde el pasillo.
—Buenos días, señora Santibáñez. Los gemelos están despiertos. Necesitan alimentación.
Victoria se incorporó inmediatamente, ignorando el dolor sordo que aún persistía en su abdomen. Sus pies descalzos tocaron el mármol frío mien







