142. LA AGONÍA DE LOS ENAMORADOS
La oscuridad fue envolviéndome poco a poco hasta que sentí unas manos maternales que me abrazaron, permitiéndome llorar todo lo que mi alma me pedía. Mi nana Marina, como siempre a mi lado, me llevó hasta el baño e hizo que me bañara, ayudándome en todo en silencio hasta que logré calmarme un poco.
—No pierdas la esperanza, Ilán, ella te ama demasiado, regresará. Pero tú tienes que hacer que lo haga; piensa cómo traer a tu esposa, la diseñadora más talentosa del momento. Piensa en algo, niño —