Carlo se puso encima mía aunque trate de evitarlo poniendo mis manos en su pecho para apartarlo, abrió mis piernas a la fuerza con sus rodillas, cogiendo mis brazos y poniéndolos encima de mi cabeza
— Estate quieta fiera, ahora seras mia, quieras o no, estamos solos — me dijo
— Déjame en paz o te denuncio a los carabineros, cabrón — le grité intentando soltarme su agarre
— ¿Qué pasa aquí Carlo? ¿qué crees que estás haciendo con ella? sal de aquí ahora mismo — le grito mi antiguo jefe, que en