Un año después.
La risa de mi hijo resonaba por todo el bosque. A él le encantaba acompañarme a recoger algunas hierbas. Aunque su padre deseaba enseñarle sobre espadas, mi bebé prefería mil veces estar aquí, rodeado de la energía de la naturaleza. Me encantaba verlo andar por el lugar, explorando.
—Kieran, cariño, ven con mamá —lo llamé.
Se levantó del suelo y corrió hacia mí con torpeza. Lo abracé con fuerza y le di un beso en la mejilla. Kieran era especial, muy especial, y sabía que debía c