Semanas después.
Aún no daba con el paradero de Tiana, y eso me tenía muy nervioso. Yo la necesitaba a mi lado, era casi como si me faltara el aire.
—Eirik —me llamó uno de mis hombres.
Dejé de lado los pensamientos hacia ella y volteé.
—Varios barcos se acercan —me dijo.
Yo asentí con la cabeza. Esto era algo que esperaba, Ivar no se iba a dar por vencido tan fácil, pero no le daré lo que es mío.
—Los mataremos a todos, teñiré el mar de rojo con la sangre de todos ellos —le dije.
Él asintió y s