El palacio se sentía diferente después del Entrenamiento Nocturno.
Ni más ruido.
Ni más oscuridad.
Más nítido.
Cada pasillo por el que Callie pasaba parecía recordar sus pasos. Cada puerta parecía ocultar algo esperando a ser descubierto. Ahora se comportaba de forma diferente —con los hombros hacia atrás, movimientos mesurados— no porque tuviera confianza, sino porque había aprendido lo estrechamente que la vigilaban.
Observada.
Esa conciencia la seguía como una segunda piel.
Su tarea era sencilla.
Inventariar el ala oeste del archivo.
Polvo. Catalogar. Restablecer el orden.
Pero Darian no la había mirado cuando dio la orden.
Eso solo lo decía todo.
El ala oeste era vieja; se sellaba con más frecuencia que se usaba. Los sirvientes la evitaban. Los rumores se aferraban a la piedra como moho.
La habían enviado allí deliberadamente.
La puerta del archivo se resistió al principio, luego se abrió con un leve crujido.
Salió un aire fresco, viciado por la edad y los secretos. Los estantes s