Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa luz del amanecer se filtraba a través de las cortinas del apartamento en El Cairo, proyectando franjas doradas sobre la cama donde Atem y Naia yacían enredados en sábanas de algodón egipcio. El despertador emitió su zumbido característico—un sonido que Atem había llegado a odiar con pasión particular durante los últimos seis meses—y la mano de Naia emergió del nido de almohadas para silenciarlo con un golpe q







