Mundo ficciónIniciar sesiónLa fiebre llegó sin aviso, como llegan las cosas que alteran el orden de los palacios: de noche, en silencio, con la discreción particular de los desastres que aún no saben que lo son.
Neferet lo notó primero en el calor de su piel cuando él se volvió hacia ella en la oscuridad, ese calor excesivo que no era el de un hombre dormido sino el de un cuerpo en guerra consigo mismo. Puso la mano sobre su frente y sintió el ardor antes de que &







