El mundo no gritó cuando ocurrió.
El mundo inclinó la cabeza.
Risa lo sintió antes de entenderlo.
Estaba despierta, sentada junto a la ventana abierta, con las manos apoyadas sobre el marco de piedra. El cielo aún conservaba restos de la noche, una franja oscura que se resistía a desaparecer. No había viento. No había ruido. Sin embargo, algo en su pecho se comprimió de golpe, como si un hilo invisible hubiera sido tensado desde muy lejos… y atado directamente a su corazón.
Risa llevó una mano