Risa no recordaba haber perdido el conocimiento.
Un segundo estaba de rodillas, con la garganta ardiendo por un grito que no sentía como suyo… y al siguiente estaba tendida sobre el suelo frío, con el mundo regresando a pedazos, como si alguien hubiera roto la realidad y ahora intentara recomponerla mal.
Su amiga estaba a su lado, pálida, sosteniéndole la cabeza.
—No te muevas —dijo con voz temblorosa—. Por favor… no te muevas.
Risa parpadeó. El techo le pareció demasiado alto. La luz, demasiad