La habitación entera vibraba con aquellas voces superpuestas, como si la madera, las paredes y el aire hubieran guardado durante años un dolor que por fin encontraba salida. Nerea tenía la sensación de estar escuchando un llanto que provenía de un lugar donde el tiempo no pasaba. Un llanto que se repetía, que nunca había encontrado consuelo.
Elías apoyó una mano en la pared para no perder el equilibrio. Jamás lo había visto tan pálido.
—No quiere que estemos aquí —dijo, y su voz era apenas un h