A la mañana siguiente, cuando el sol comenzaba a asomar en el horizonte, la comitiva hizo una breve parada para alimentar a los caballos y permitir que los viajeros se estiraran. Phoenix intentó descansar, pero la incomodidad y la inquietud la mantenían despierta. Salió del carruaje, aprovechando el aire fresco y la vista deslumbrante de las montañas cubiertas de nieve.
Observó a Ulrich, que una vez más estaba en su forma humana, discutiendo algo con los guardias. Había una fuerza tranquila en