Aurelius no pudo contener su incredulidad ante la decisión del Rey. Sus ojos se estrecharon al enfrentarse a Ulrich, y no dudó en expresar sus preocupaciones.
"Phoenix es una esclava", declaró Aurelius, su voz cargada de incredulidad. No podía aceptar que alguien de origen tan humilde fuera elevado a una posición de tanta importancia.
Ulrich, por su parte, mantuvo su postura seria e inquebrantable. Miró a Aurelius con determinación, cuestionando su objeción a la decisión real.
Ulrich, manten