Fred y Vivian Barrowgold guiaron a la pareja real por un largo corredor adornado con tapices y candelabros dorados, que parecían narrar la historia de Goldhaven en cada detalle. El ambiente, a pesar de toda la pompa, resultaba pesado para Phoenix. Cuando finalmente llegaron a una imponente puerta de roble tallada con el escudo de los Barrowgold, Fred hizo una ligera reverencia y abrió la puerta.
"Por favor, Majestades, estos son sus aposentos. Pónganse cómodos," dijo Fred con una sonrisa cortés