CRYSTAL.
"Tú... Eres... eres tú."
Las palabras salieron a trompicones de los labios perfectamente pintados de Isolde, sin aliento y completamente desprovistas de su habitual altanería aristocrática.
Me miró fijamente, su pecho subiendo y bajando bajo el corpiño de su vestido de seda plateada. Observé los frenéticos cálculos dispararse detrás de sus ojos. Estaba mirando a un fantasma. La Oméga a la que había ordenado a Tyrell que desechara, la chica cuya sangre se suponía que estaba fertilizando