De pie ante un enorme portón, que no debería atravesar en ese justo momento, el castaño de ojos miel se secó el sudor de las palmas de sus manos tallándolas contra su ropa, entonces resopló y abrió las enormes puertas que no debían ser abiertas casi nunca, mucho menos en ese horario.
Era media noche y, antes de volver a su casa, luego de un día de mucho trabajo, Corono Elliot presenció los indicios de un nuevo ataque enemigo. Eso era algo que provocaría que el emperador liderara a la orden de c