—¿Sí, señor? — Preguntó, tratando de mostrar dedicación.
Poco a poco, la amplia sonrisa de su rostro fue disminuyendo hasta convertirse en una simple sonrisa. Se estaba manejando bien, demasiado bien. Eso era bueno.
—Crema. Me gusta mucha nata en el café. No lo olvides—. Advirtió y vio como ella asentía.
—Sí, señor. ¿Necesita algo más? — Le dijo dando claramente a entender que estaba a su altura.
La sonrisa sencilla que tenía en la cara se le cayó por un momento. El hecho de que ella no parecie