Sonó el móvil de Enrique y lo cogió. Un vistazo al identificador de llamadas y su estado de ánimo cambió. Suspiró antes de coger la llamada y se acercó el teléfono a la oreja.
—Enrique, necesito la nueva contraseña ahora mismo—. Ordenó a través del teléfono. Se frotó ligeramente la frente, irritado.
—Sabes que hay una buena razón por la que cambié la contraseña de mi apartamento, ¿verdad?
—¿Y cuál sería? — Preguntó a propósito.
—Mamá, por favor, no juegues conmigo. Sabes que no es la primera ve